El 4 de junio de 2011, el complejo volcánico Puyehue-Cordón Caulle entró en erupción tras varios días de intensa actividad sísmica. La columna eruptiva alcanzó cerca de 15 kilómetros de altura, obligó a evacuar a unas 3.500 personas y generó una nube de cenizas que afectó extensas zonas de Chile y Argentina. Con el paso de las semanas, la pluma volcánica recorrió miles de kilómetros, provocando interrupciones en el tráfico aéreo de países tan distantes como Australia y Nueva Zelanda.
La erupción también tuvo importantes efectos a nivel local. El material volcánico que descendió por la cuenca del río Nilahue provocó un aumento significativo de su caudal y temperatura. Además, grandes cantidades de piedra pómez fueron transportadas hacia los lagos Ranco, Maihue y Puyehue.
La erupción ocurrió apenas tres años después de la creación del Observatorio Volcanológico de los Andes del Sur (OVDAS) de Sernageomin, organismo encargado de monitorear los volcanes activos del país. La red instrumental instalada en distintos volcanes permitió seguir la evolución de la actividad en el Cordón Caulle antes, durante y después de la erupción, generando una cantidad de información sin precedentes para los especialistas.
“Fue la primera vez que en Chile se pudo seguir de manera continua todo el proceso previo a una erupción. La actividad fue monitoreada instrumentalmente y eso permitió observar cómo evoluciona el sistema volcánico antes de que ocurriera el evento eruptivo”, explica Felipe Aguilera, director del Instituto Milenio Ckelar Volcanes y profesor titular de la Universidad Andrés Bello.
El monitoreo de la actividad previa a la erupción permitió observar la evolución del evento volcánico y contribuyó a que las autoridades decretaran alerta roja horas antes del evento, facilitando las evacuaciones preventivas en las zonas cercanas. “El proceso de anticipación fue uno de los grandes aprendizajes que dejó la erupción del Cordón Caulle. No solo permitió comprender mejor el volcán, sino también avanzar en la gestión de riesgos y en la preparación frente a futuras emergencias volcánicas”, señala Aguilera.
Más allá de los impactos que dejó en las comunidades del sur de Chile y Argentina, la erupción también generó una extensa base de información para la investigación científica. Los registros obtenidos durante el evento continúan siendo estudiados y han contribuido a una mejor comprensión del sistema volcánico. “Gracias a la enorme cantidad de datos obtenidos durante la erupción, hoy conocemos muy bien la estructura interna del Cordón Caulle y entendemos mucho mejor cómo funciona este
sistema volcánico”, concluye el volcanólogo.


